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Análisis: Pelear para ganar o pelear para tener, el dilema que aflora al inicio del año electoral 

Por Sebastián Dumont

“¿Quién dijo que en política se dan peleas para ganar? Se pelea para tener, no para ganar”. Textual respuesta que hace algunos años dio el ex secretario de comercio interior Guillermo Moreno cuando lo consultaron sobre una candidatura suya que tenía pocas chances de ser exitosa. En el amanecer del 2023, el año electoral que aparece aún con más interrogantes que certezas, lo que se ve con claridad es la irrupción de quienes buscan “tener” más que “ganar” cuando llegue el momento de las definiciones. Es por eso que afloran posibles candidatos, se anotan muchos en las listas sabiendo que no llegarán y comenzamos a escuchar la clásica melodía de estos tiempos. Un detalle: muy pocos de los que se suben  en las carreras electorales explicitan con claridad, y en serio, que modelo de país quieren. Más cerca están de hacerlo para captar o mantener esquemas de negocios y poder.

En tiempos de discusiones abstractas sobre federalismo, las candidaturas presidenciales que están en el radar, por ahora, surgen desde la Ciudad de Buenos Aires o desde la provincia de Buenos Aires. Salvo el caso reciente de Juan Schiaretti y Juan Manuel Urtubey, quienes lanzaron la idea de competir en una PASO. Claro que deberán superar, primero, los prejuicios de la experiencia 2019 cuando los mismo protagonistas más Sergio Massa y Miguel Ángel Pichetto amagaron con la construcción de una alternativa federal. Es ahora el Lavagnismo sin Lavagna. 

Por el resto, a saber: Horacio Rodriguez Larreta, Patricia Bullrich, Sergio Massa, Facundo Manes, Javier Milei, Miriam Bregman, Mauricio Macri, Cristina Kirchner, Daniel Scioli, Eduardo De Pedro, Axel Kicillof y hasta el propio Alberto Fernández. Demasiado unitarismo. No surgen proyectos presidenciales desde el interior del país. La política argentina se define en el AMBA, término popularizado durante la pandemia para definir el área comprendida entre la ciudad autónoma y el conurbano. 

Situación similar surge para la grilla bonaerense. En Juntos por el Cambio se acumulan los que buscan tener y por eso dan la pelea. Desde Diego Santilli, el que mejor mide según los sondeos cada vez más difíciles de realizar con certeza – existen mucha resistencia a contestar y mucho más a decir la verdad – pasando por Néstor Grindetti, mandamás de Lanús, Javier Iguacel, alcalde de Capitán Sarmiento, más conocido por ser quien impulsó las denuncias desde Vialidad que llevaron ser condenada Cristina Kirchner; Joaquín De La Torre, senador y jefe político de San Miguel con posturas duras más compatibles con el discurso libertario de Javier Milei que el de JXC. Juegan para quedarse con algo. No todas las peleas se dan para ganar. Eso está claro. 

Sí hay que prestarle atención también a la interna bonaerense del Frente de Todos.  Allí la misma lógica. Lo más factible es que termine siendo candidato Axel Kicillof. Y vaya por su reelección. Pero lo harán transpirar. La liga de intendentes insiste con la candidatura de Martín Insaurralde. El jefe de Gabinete ya es mencionado en las encuestas. Y aunque hoy aparezca lejos del gobernador, la sola mención de su nombre en el oficialismo es una señal. Los alcaldes que lo siguen saben que en juego hay mucho. Desde las listas seccionales para la legislatura a los posibles cargos ministeriales si hay continuidad en diciembre próximo. Este miércoles el gobernador tuvo un llamado de atención en su recorrida por Tres Arroyos. Extraña ausencia del peronismo local. 

Pero la clave pasa por las listas de legisladores. Aquel que controle la legislatura bonaerense tiene asegurada la llave de cualquier negociación. Hoy ese terreno es de Martín Insaurralde, vía Federico Otermín en la Cámara Baja. 

La tensión es evidente. Sectores del peronismo territorial hacen sentir su peso. ¿Cuánto hace que Máximo Kirchner no puede reunir al peronismo bonaerense? Un rato largo. Y el gobernador no lo puede hacer salvo que sea para discutir fondos para los municipios, tema siempre en discordia. La fragmentación llega de la mano de las dudas sobre las garantías que pueda aportar la propia Cristina Kirchner en la futura cosecha de votos. 

En ese sentido, La Cámpora ya no factura solo por ser la agrupación preferida de la Vice. Si desde siempre se miraron de reojo con los intendentes pre existentes o que provienen de otros sectores, ahora mucho más. 

El ejemplo más claro se está dando por estas horas en Hurlingham. Desde el regreso a la intendencia de Juan Zabaleta, la puja se ha profundizado. Y esta semana explotó cuando el intendente decidió “barrer con los ñoquis de La Cámpora”, tal cual lo definió un experimentado observador de la política de ese distrito. Enojados por la decisión de “Juanchi”, renunciaron varios funcionarios. Con cartas sentidas incluidas. “Hizo lo que tenía que hacer”, sostienen en Hurlingham aquellos que apoyan la decisión del ex Ministro de Desarrollo Social de La Nación. 

Trascienden detalles escabrosos de la buena vida camporista en el distrito del oeste del Gran Buenos Aires. Allí el máximo referente es Martín Rodriguez, segundo de Luana Volnovich en el Pami además de ser su pareja. Su compañero de viaje por el Caribe mexicano. Ligado en su momento familiarmente a Andrés Larroque, fue quien impulsó a Damián Selci como primer concejal para luego asumir interinamente la comuna. Fue tal su entusiasmo que hasta le cambió el logo a la municipalidad. Creyó que se quedaría por siempre. 

“Es lógico que se haya entusiasmado, de haber sido malabarista en los semáforos a convertirse en intendente con un sueldo de un millón de pesos mensuales, cualquiera se resistiría a dejar el cargo”, comenta una fuente con años en el Concejo Deliberante del distrito. Juan Zabaleta hizo un movida más audaz aún que la de echar a cuatro secretarios, entre ellos el de Obras Públicas. Entre el miércoles y el viernes citó a todos los empleados por su número de documento para que se presenten y respondan en qué área trabajan. 

Otro detalle fundamental es que Zabaleta logró desplazar al contador municipal que respondía a La Cámpora. Ese quizá haya sido el movimiento más importante por encima de lo que ha tomado estado público por estas horas. En un municipio, hay dos cargos clave que tienen estabilidad y no son fáciles de remover: el contador y el tesorero. 

La muestra de Hurlingham es la exposición de una fractura que siempre existió en la relación de intendentes y militantes de La Cámpora. En tiempos de turbulencia se acrecientan. Y sale a la luz el agua servida contenida. Se trata de lo mismo. Las peleas que se dan en la política no son siempre para ganar. Al contrario, en pocas oportunidades tienen ese objetivo real. Son para tener, para quedarse con una porción. De eso se trata. Los ejemplos sobran. 

 

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