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¿Quién gana con el creciente desprestigio de la política?

A medida que avanzan las semanas, las múltiples incógnitas que asoman en el horizonte político de la Argentina intentan encauzarse en pequeñas y débiles certezas. Una de ellas es la se viene sosteniendo desde estas columnas sobre la conformación de las coaliciones que darán la batalla, en principio, en 2023. A medida que el almanaque avanza, queda más claro el destino de una nueva morfología en la construcción de las alquimias electorales que, como se ha evidenciado hasta aquí, pueden ser muy útiles para ganar elecciones, pero no han dado resultados auspiciosos a la hora de gobernar. Ni Juntos por el Cambio, ni el Frente de Todos. Ambos comparten muchas cosas. La principal es el aumento en el descrédito de los políticos. Pues entonces, asoma una pregunta: ¿A quién le sirve que siga cayendo la imagen de la “casta”?
La respuesta al interrogante anterior, casi como un acto reflejo, llevaría a pensar en figuras “disruptivas” como el caso más notorio hoy que es el de Javier Milei. Hasta aquí ha logrado captar la atención de quienes descreen en la política como forma de resolver sus problemas, y además están enojados. La ecuación es simple y no requiere de mayor profundidad. Algo así como un ejemplo llano. La plata no alcanza, entonces “la que me falta a mí la tienen ellos (por los políticos tradicionales). Y allí crece el enojo. El problema radica en que el discurso caló tan hondo que pareciera no solucionarse sólo con ponerle plata en el bolsillo a la gente. Se requieren de otros gestos. Por eso, aumenta la percepción sobre una grieta más profunda en la Argentina: La moral.
Nada parece librado al azar. El discurso que hoy encarna Javier Milei – no es el único, pero sí el más relevante – encuentra eco porque hay un escenario real. Pero además también comienzan a evaluarse efectos colaterales del mismo. Voluntaria o involuntariamente, la permanencia de expresiones “anti casta” debilitan tanto a la política que le otorgan más margen a los poderes reales para poder imponer condiciones. Son esos poderes, llámese “círculo rojo” o incluso más allá, a los que Cristina Kirchner se refirió semanas atrás cuando dijo que tener la banda y el bastón no es tener todo el poder. El mensaje no sólo fue para Alberto Fernández. Elisa Carrió, en su reciente raid mediático dejó trascender algo similar.
El problema está en el prisma desde donde se analizan los fenómenos políticos del momento. Para la dirigencia “clásica” siempre habrá una segunda o tercera lectura de cada episodio. Nunca es lineal lo que está en la superficie. Así lo prevé la manera en que están “formateados”. Puede fallar. Es ahí donde surgen las sorpresas a las que habrá que buscarles nuevas explicaciones.
La provincia de Buenos Aires es la plataforma desde donde se disparan todas las alquimias posibles. La idea de Sergio Massa de conformar una mesa interna dentro del oficialismo para no exponer las diferencias de manera brutal sin antes tamizarlas en discusiones hacia adentro, vio la luz en territorio provincial. Llamar “institucionalización” del Frente de Todos es admitir que antes no lo estaba. Es decir, no existía como tal. Aquí hay que prestar atención a un movimiento que no es menor. Y es la relación política entre Massa y el jefe de Gabinete Martín Insaurralde. Este miércoles se mostraron juntos en Pilar. Los conocedores de los pasillos bonaerenses saben que el dato cobra relevancia por pujas reales de poder territorial. Ambos mantiene buen vínculo con Máximo Kirchner, es decir La Cámpora. Y si solidifican sus lazos, definen el candidato a gobernador o, en todo caso, Kicillof deberá rendirse ante ellos si quiere buscar un mandato más. ¿Y Cristina? El plan parece cada día más claro. Primer objetivo: mantener la provincia de Buenos Aires. El segundo, preservar capital político propio. Uno está ligado con el otro. Aunque no son definitivos ambos en el cuadro nacional.
Alberto Fernández hace esfuerzos para no quedarse afuera. En el conurbano depende del lazo que tiene con ciertos jefes comunales, donde se siente cómodo con Mario Ishii de José C. Paz, distrito que lo inspira a lanzar consignas reeleccionistas. Se supone que el Jefe de Estado tiene claro cuál será la actitud de los intendentes a la hora de las definiciones. Por las dudas, lo reiteramos desde aquí. Harán lo que más les convenga para conservar sus distritos. Aunque esto signifique “tragarse un sapo”. Hoy, el presidente, no lo garantiza.
Acaba de ser presentado un proyecto de ley en la legislatura bonaerense para desacoplar las elecciones provinciales de las nacionales. El texto es del senador Joaquín De La Torre y prevé que sea a partir del 2025. Una manera de desintoxicar la interpretación que sólo es pensado para la elección del año que viene. El tratamiento legislativo será quien determine su devenir. Pero al ponerlo sobre la mesa, abre la posibilidad de introducirle modificaciones. Dicho de otra manera: ya no hay excusas para dar la discusión sobre un tema que, cada cuatro años, sobrevuela la política bonaerense y que, hasta ahora, ningún gobernador se animó a desafiar.
Con lo anteriormente descripto, el oficialismo ha dado un paso importante en, al menos, diferenciar la política bonaerense con la nacional. Más adelante se sabrá si esto requiere de la necesidad de apartarse del todo de Alberto Fernández si insiste en buscar un nuevo mandato o, como empezó a crecer con fuerza en estas horas, hay alguna chance que Cristina Kirchner se presente otra vez. Parece difícil. No imposible.
La cada vez más concreta idea que Mauricio Macri también sea de la partida alimenta la fábula de un choque que predomina la política Argentina desde al menos el año 2007. Cristina vs Macri. Aunque nunca se vieron las caras mano a mano en una elección. La provincia de Buenos Aires es para la vicepresidente su bastión más importante. El ex presidente de Boca Juniors necesitaría mejorar en el conurbano para que crezcan sus chances. Mientras tanto, Horacio Rodriguez Larreta despliega sus fuerzas en el GBA donde mandó a “caminar” a todos sus cercanos, incluido él mismo. Y por las dudas, planta candidatos en distritos de Juntos por el Cambio que no está seguro que lo acompañen en su aventura electoral. Así está la politica. En sus cosas. Sin dudas, este escenario no sólo le conviene a ellos.
Sebastián Dumont
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