“Un importante primer paso”. En una mezcla de euforia y cautela responde Gabriel Volpi, experimentado diplomático argentino que está muy cerca de Maria Corina Machado y conoce como pocos la realidad venezolana y las consecuencias de un régimen que ha sufrido un golpe letal con la captura de Nicolás Maduro. La novedad con la que amaneció el mundo este sábado 3 de enero implica una serie de obligadas lecturas. La más concreta y lógica es aseverar que llegó el final de una era. Ya nada será igual en Venezuela. De cómo se reconfiguran los elementos que aún forman parte de la dictadura chavista y las próximas acciones de Estados Unidos y sus aliados modelará los próximos tiempos, no sólo de una nación sino de una región en conjunto. Las pistas que dio Trump quien aseguró que será su país quien administre la transición. ¿Traición de Delcy Rodriguez?
El Secretario de Estado norteamericano Marco Rubio, uno de los mayores impulsores políticos para el final del régimen chavista – que además lo proyecta como posible sucesor de Trump – fue muy claro en la conferencia de prensa en Mar a Lago en el mediodía del sábado: “Trump es un hombre de acción, y lo que dice lo hace”. Se refería a que no había que dudar que todo el despliegue que iniciaron las fuerzas armadas estadounidenses en el Mar Caribe podrían haber sido una acción psicológica pero que tenían la misión clara de terminar con Maduro y su gobierno usurpado desde el 28 de julio de 2024.
Y ello quedó en claro cuando el despliegue estadounidense en el Caribe cambió la lectura operativa sobre Venezuela, a partir de la llegada del portaaviones USS Gerald R. Ford. Hasta ese momento el escenario militar era poco probable.
Sin embargo, Estados Unidos combinó silencio oficial con una campaña de señales y declaraciones contradictorias. Un patrón clásico de la guerra híbrida moderna. Este clima de ambigüedad convivió con el incremento sostenido de activos militares en el área de responsabilidad del Comando Sur. Tanqueros, bombarderos estratégicos, escoltas navales y una actividad aérea que ya no podía interpretarse como rutinaria. La secuencia indicó preparación para algo mucho más grande que las operaciones sobre embarcaciones narco que venían teniendo lugar.
La designación del Cartel de los Soles como organización terrorista fue el punto de inflexión. Desde el 24 de noviembre, el gobierno de Trump contó con un fundamento jurídico interno que amplió las opciones. Lo que vino después fue el cálculo de la dimensión política y los posibles costos diplomáticos. Por lo que se vio, para Trump eso no es un impedimento. Mucho menos lo que pueda opinar la comunidad internacional u organismos como la ONU.
Por aquellos días, en Caracas aparecieron indicios de inquietud. Versiones locales señalaban que la vicepresidenta Delcy Rodríguez habría salido de la capital y se habría refugiado en zonas montañosas con un operativo de seguridad de perfil militar. Más tarde, creció con mucha inquietud otra versión reproducida por medios internacionales que daba cuenta de una supuesta oferta de los hermanos Rodriguez a Trump para entregar a Maduro. Casualmente, cuando se produjo este sábado el operativo de detención a Maduro, la Vice se encontraba en Rusia. Pero además, el propio Trump contó que Marco Rubio había hablado con ella y mostró disposición a hacer lo que Estados Unidos quisiera.
Desde entonces, el cuadro se conformó con la mayor delicadeza. Estados Unidos ya poseía la justificación legal, la capacidad militar y la oportunidad estratégica. Venezuela no paró de exhibir nerviosismo político y un aislamiento creciente. Faltaba el momento exacto en que eso llegaría. Y llegó.
Lo que viene ahora es aún más complejo de discernir en las primeras horas. La confirmación que Estados Unidos tomará el control de Venezuela hasta la transición de un gobierno democrático es la ratificación que se trató sólo de una operación para terminar con un jefe narco que será juzgado en los tribunales de Nueva York bajo la neo doctrina de seguridad americana. Es mucho más profundo. La certeza de que se trata de la toma del país por parte del gobierno estadounidense.
¿Hasta qué punto podrá Estados Unidos disciplinar las facciones internas del régimen? La puerta abierta para nuevas intervenciones militares está a la vuelta de la esquina. ¿Por qué si se detuvo a Maduro todavía no sucedió lo mismo con Diosdado Cabello o Vladimir Padrino López. Nadie, en su sano juicio, podría desconocer que siempre lo subterráneo tiene más validez que lo que se expone públicamente. El cartel de los soles tiene un alto componente, su nombre así lo indica, en las fuerzas armadas venezolanas. ¿Cómo reaccionaron? ¿O ya le habían soltado la mano a Maduro?. Las preguntas se multiplican mientras asoman algunas certezas. De aquí en adelante, hay un país que requiere su completa reconstrucción. No es sólo una cuestión petrolera.
El inicio del 2026 con la contundente acción norteamericana implica además, una nuevo capítulo de los posicionamientos globales que derraman hacia la política doméstica. En Argentina ya se está viendo. La grieta quedó expuesta entre quienes condenan el accionar de Estados Unidos como el kirchnerismo y el oficialismo local encabezado por Javier Milei que celebró la detención de Maduro. Insumos que alientan a continuar con la puja histórica que termina siendo favorable a la Casa Rosada que hoy se muestra como el principal aliado de Washington.
Por lo demás, empieza un camino donde la protección y el financiamiento que Venezuela le venía dando a grupos terroristas en toda la región ingresa en un período de confusión. Desde organizaciones aliadas a Irán hasta elementos del narco cuyos centros de operación transnacional tienen sedes muy claras como la triple frontera, ponen en alerta la seguridad de la región. El desbande posible podría alentar acciones muy peligrosas. Un panorama que llega justo en el momento en que Argentina ha entrado en una nueva polémica tras la publicación del nuevo esquema de funciones y alcances de la Secretaría de Inteligencia. Una de dos: o a Milei le asiste la fortuna de la coincidencia o, en definitiva, las casualidades le dan paso a las causalidades. Una nueva era está en marcha.



























