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¿Una serie de Netflix? No, el conurbano

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Si alguien se despertara y viera, sin ninguna referencia previa, las imágenes del intento de copar a sangre y fuego la comisaría primera de La Matanza, podría creer que está ante una de las tantas escenas de las series que describen el accionar narco en los países de centro america, sobre todo México. Abundan las creaciones en Netflix que describen acciones violentas donde se ingresan a las dependencias policiales o del ejercito a rescatar a los detenidos por narcotráfico. Pero no. Se trataba de una imagen real. En pleno centro de San Justo, partido de La Matanza, corazón del conurbano. Sí, otra vez La Matanza. Otra vez la inseguridad pero en un peligroso nivel de violencia que enciende todas las alarmar. Y, con las horas, también se supo que se trataba de un caso ligado a las drogas. Iban a liberar a un delincuente que había asesinado a otro por una “mexicaneada” de estupefacientes. Lo vivido el lunes a la madrugada vuelve a poner en escena una realidad que se vive en muchas comisarías de la provincia de Buenos Aires: el aumento de los presos donde peligrosamente siempre hay más detenidos que policías por turno. Además de la peligrosidad de muchos de ellos.

“Tenemos que cerrar todas las puertas porque si vienen a robarnos, estamos indefensos”. El testimonio podría ser de cualquier ciudadano de la provincia de Buenos Aires. Pero no. Se trata de uno de los tantos efectivos de la policía bonaerense que presta servicios nocturnos en una comisaría del conurbano. La realidad de La Matanza es la realidad de todas las dependencias policiales del Gran Buenos Aires. “Están regalados”, asegura una fuente que conoce muy bien como es el verdadero estado por el que pasan los hombres y mujeres de la bonaerense. Muchas veces denostada, pero en pocas ocasiones se le presta la debida atención.

Es cierto que las actuales autoridades de la provincia de Buenos Aires buscaron que en las comisarías se dediquen solo a tareas administrativas y que los policías vayan a la calle. Claro que para ello, los presos no pueden estar allí.

El aumento de la población en las dependencias policiales es alarmante. A finales de 2015 había 1700 detenidos, un año después, el número se elevó a 2934. El 31 de diciembre de 2017 los presos en comisarías llegó a 3182 y al 18 de abril de 2018 3797. El crecimiento es exponencial. En todo el servicio penitenciario bonaerense hay en la actualidad 33318 detenidos. No todos tienen condena. Lo que es inadmisible es que haya condenados en comisaría. Como mucho pueden estar pocos días. Eso no sucede. Y ahora se pagan las consecuencias.

¿Quienes son los responsables de esta realidad? En principio, la justicia es la que debe determinar el traslado de un detenido de una dependencia a un penal. ¿Por qué no se hace? Las respuestas son siempre las mismas: superpoblación carcelaria.

En la provincia de Buenos Aires hay 54 penales. A mediados del año pasado el gobierno de María Eugenia Vidal decidió ir en busca de capitales privados para la construcción de nuevas cárceles y alojar en cada una de ellas 1500 presos. Al menos la intención era y es edificar tres nuevos penales. Esa capacidad equivaldría a la cantidad de presos que hay actualmente en las comisarías.

En su momento la metodología para realizarlas es a través de las famosas PPP, propuestas públicas privadas.

Un penal nuevo cuesta cerca de 1,5 millones de pesos por cada interno. “La medida no constituye una privatización. La cárcel la construye una empresa privada que percibirá un canon por la prestación de servicios no vinculados al número de presos como ocurre en los Estados Unidos, sino que podría aportar los sistemas de vigilancia electrónicos y de seguridad, pero no cobrará por cantidad de internos”, explicó en aquel entonces el ministro de justicia Bonaerense Gustavo Ferrari. Ahora, también avanzó en las idea que no puedan ser excarceladas aquellas personas que porten un arma de manera irregular. La usen o no.

Los ejemplos de inconvenientes en las comisarías por la superpoblación no son nuevos. Pero nunca tuvieron esta gravedad. Nadie está preparado para semejante responsabilidad. Ni los edificios ni los policías. Lo que sucedió en San Justo puede pasar en cualquier momento en otra comisaría. Bienvenidos a la realidad del conurbano. Lleva muchos años. ¿Cambiará?

2 mayo, 2018