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«Sesenta y seis años después». Por Miguel Angel De Renzis

Por Miguel Angel De Renzis- Periodista

En los diez años más felices de los argentinos, un 18 de octubre de 1950 se inauguraba en Azopardo 820 el actual edificio de la CGT.

Aquella vez el presidente Perón cortaba las cintas inaugurando la planta baja, el subsuelo y seis pisos.

En el salón principal Felipe Vallese, en recuerdo del primer obrero desaparecido, que está en el primer piso y con 300 butacas, el viernes 23 y sábado 24 de septiembre se produjeron dos hechos en el calendario de su historia, que marcan los nuevos tiempos.

El 23, en coincidencia con el último triunfo electoral de Perón logrado en 1973 con el 62% de los votos.  Acompañado por primera vez en la historia política argentina en la vicepresidencia por una mujer, a la postre primera mujer presidenta a nivel mundial, María Estela Martínez de Perón, el verdadero padre de la democracia, el general Perón, el que le dio el derecho a la mujer a elegir y a ser elegida, era ungido por tercera vez y como único caso, presidente de los argentinos.

Todavía lo recordamos visitando varias veces la CGT en ese mismo salón donde el Comité Confederal de la CGT unificada  dejó testimonio a través de varios dirigentes de esta realidad incontrastable, los desocupados, los subocupados, los que pasan hambre en el país de la comida, los que luchan por la tierra, por el techo y el trabajo.

Y se abrieron como nunca a los Movimientos Sociales.

Se dijo en ese Confederal que esos compañeros alguna vez habían sido representados por los sindicatos y que hoy no se les podía dar la espalda. Y un día después, en el mismo salón, la Iglesia de Francisco, el Papa peronista, y los Movimientos Sociales se sentaban en el Felipe Vallese.

La mayoría entraban por primera vez, incluyendo a los miembros de la Iglesia.

En el tercer piso del edificio está la biblioteca Eva Perón. En el cuarto, el salón de reuniones del Consejo Directivo Nacional y en el quinto, el salón José Ignacio Rucci, asesinado un día como hoy después del triunfo de la fórmula Perón Perón.

En ese mismo edificio estuvo el cadáver embalsamado de Eva Perón. De allí fue secuestrado por la patota del marino Patrón Laplacet.

Enfrente, la facultad, otrora sede de la Fundación Eva Perón.

En el año 2007, por decreto del Poder Ejecutivo Nacional, con el número 1233, se declara la sede de la CGT monumento histórico nacional.

Son demasiados recuerdos, gran parte de ellos los vivimos en ese edificio.

El Comité Confederal sesionó dos horas y media y los Movimientos Sociales, desde las 9.40 hasta las 4 de la tarde. Todo en el mismo salón, ilustrado con la imagen de Rucci. Y si bien los que expusieron de los Movimientos Sociales habían sido previamente elegidos, igual que en el Confederal, había intachables y de los otros. Porque es la condición humana. Pero lo importante es la intención de unidad de la columna vertebral del Movimiento Nacional, que son los trabajadores.

Ante un país de Ceos y gerentes, hay desocupados y sufrientes. Ante ladrones que se esconden en la política, hay desocupados que se ocupan de lo social. Ante casamientos fastuosos de dirigentes políticos, hay desnutridos que se mueren en Salta. Y mientras muchos miran para otro lado, la Barrick Gold sigue envenenando.

Por eso es importante la unidad de concepción para la unidad de acción.

Hay que avanzar ante cada necesidad porque al decir de Evita existe un derecho, y hay que avanzar ante cada derecho como en el caso de Malvinas, porque es una necesidad nacional.

Mientras se preparan para el 4 de octubre mil ollas populares, mientras crece la opción del paro general, sesenta y seis años después el edificio volvió a vibrar, y si el 17 es el Día de la Lealtad, y el 18, “san Perón”, ninguno pudo pensar, por más amplio que fuera su concepto, que un militante de esa idea es la guía espiritual de 1600 millones de personas, es argentino, vivió en Flores, toma mate amargo, es hincha de San Lorenzo y es peronista.

Por eso, Monseñor Sánchez Sorondo le dijo a los Movimientos Sociales que esa unidad era importante para la Argentina pero también para el mundo.

A unas cuadras de allí, en silencio, el único monumento que recuerda al germinador de la justicia social en el país, el monumento que no hicieron Menem, ni Duhalde, ni Kirchner, ni Cristina, lo hizo Macri.

La historia es rara, pero León XIII también es escondido en Roma. A lo mejor, porque fue el Papa de los obreros, en cuya doctrina social se basó el peronismo.

Ni Evita ni Perón necesitan monumentos, porque los monumentos son fríos, sin alma, sin corazón. Ellos están más vivos que nunca, porque están en el corazón de su pueblo.

Sesenta y seis años después, el viernes y el sábado, los descendientes de los grasitas, los descamisados, los humildes, los nietos de los que pusieron las patas en las fuentes, estuvieron en el salón Felipe Vallese.

25 septiembre, 2016