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Macri quiere dividir al peronismo en tres pero el rumbo de la economía los vuelve a unir

El gobierno necesita en la Provincia de Buenos Aires que haya un peronismo dividido en al menos tres fracciones. Para ello trabaja, no ahora, sino hace ya bastante tiempo. Casi desde el mismo momento  de su asunción se plantearon la necesidad de buscar la atomización del justicialismo a los fines de poner a CFK como la principal rival pero al mismo tiempo debilitar su estructura con otras alternativas cercanas al Frente para la Victoria. Y de esa manera, también buscar borrar lo más posible a Sergio Massa, por ahora, ademas de la ex presidente, el único capaz de incomodar electoralmente al oficialismo. Sin embargo, las medidas del gobierno, sobre todo en materia económica, están llevando a que el peronismo empiece a pensar cada vez más en la posibilidad  de no partirse tanto. Y lo que antes era imposible, ya no lo es tanto.

Se desconfían unos a otros, pero se reconocen. Se trata de los hombres y mujeres del Frente para la Victoria que ahora ya no quieren utilizar esa sigla, para volver a hacerse llamar peronistas. En otros tiempos divididos y con luchas internas muy evidentes, el gran factor de unidad que están encontrando por estas horas son las medidas y el rumbo del gobierno de Mauricio Macri.

La provincia de Buenos Aires es un ejemplo de ello. Entre los intendentes del conurbano existen dos grupos mayoritarios, denominados Esmeralda y Fenix. El primero de ellos es quien más lejos busca ubicarse de CFK, mientras que el otro está más cerca de las consignas K de siempre. En un momento se mostraban como bloque unido, luego de dividieron y ahora buscan la unidad. Lo mismo pasa con otros sectores del mismo espacio.

El principal factor que los aglutina son medidas del gobierno. El olfato de saber que pueden dar un paso para recuperar el gobierno en 2019. De todas maneras, la unidad no será tan sencilla, más allá de los avances en los últimos días. Hay otros intereses en juego y el gobierno nacional y provincial opera sobre ello.

El problema es la falta de candidatos a excepción de Cristina Kirchner. Justamente la que quiere el gobierno tener enfrente para volver a la vieja dicotomía de lo nuevo contra lo viejo. El problema es que en muchos casos lo nuevo no está rindiendo tanto como se esperaba y empieza a cobrar valor lo viejo. La referencia no es sólo en el orden nacional sino que es, perfectamente aplicable a varios casos municipales.

En ese camino y como para muestra hace falta un botón, bien puede analizarse el cónclave que se produjo días atrás en la casa de San Luis donde asumió el nuevo titular Nicolás Rodriguez Saá. Allí confluyeron distintos sectores del peronismo ante el afintrión, el gobernador Alberto Rodriguez Saá quien fue el primero en levantar las banderas de la unidad. Desde Mario Ishii a Guillermo Moreno, pasando hasta por Rafael Follonier. Foto impensada tiempo atrás. Pero que, ante la difícil situación de la economía, empieza a ser cada vez más palpable. En definitiva, Macri lo está logrando: el efecto contrario para el que trabajan sus hombres más cercanos.

3 febrero, 2017