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El “fenomeno” San Miguel, una particularidad que sobresale en el conurbano bonaerense.

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¿Por qué en San Miguel el oficialismo pudo resistir a la ola del Frente de Todos? Quizá no haya una sola respuesta para explicar el comportamiento del electorado del distrito que viene dando muestras, en las últimas elecciones, de un comportamiento diferenciado entre lo local, lo nacional y lo provincial. No es algo simple de conseguir en el Conurbano, donde se entremezclan una serie de situaciones comunes a todos los distritos de esa geografía que convierte en algo difuso la construcción de una identidad local. Se entiende que ella es la razón fundamental que logró el proceso político que inició Joaquín De La Torre en el 2007 y continúa Jaime Méndez desde el sillón de jefe comunal.

La sorpresa que causa en los observadores de la elección el diferencial de votos que obtuvo el gobierno local en las PASO del último domingo, no debiera serlo tanto. Sobre todo si se tiene en cuenta una construcción que no es antojadiza y lleva un tiempo largo. El resultado es la consecuencia de aquello. Algo mucho más profundo que pensar en el simple corte de boleta que se da en San Miguel como en pocos otras comunas del segundo cordón del Gran Buenos Aires.

Para entender algo más de esta situación que hoy se ha convertido en tema de análisis nacional hay que hacer un poco de historia. Hace 12 años asumió la jefatura municipal el actual ministro de gobierno bonaerense Joaquín De La Torre y desde allí puso en marcha un modelo de gestión que buscó privilegiar el contacto de cercanía para marcar con fuerza la identidad local. No es fácil lograrlo en el conurbano donde la influencia de los medios nacionales y de la ciudad de Buenos Aires hacen mella y distraen la atención de sus habitantes con temas de una agenda que, muchas veces, no le es propia. A ello se le suma que, como en otros casos, una porción importante de sus habitantes solo duerme en el distrito. De allí que consolidar identidad es algo complejo para las comunas de esta geografía. Eso fue logrado en estos años y explica, en gran parte, el resultado del domingo pasado que ahora deberá ser ratificado en las elecciones de octubre.

¿Cómo se construye esa localismo?. Con acciones concretas que están ligadas a la política de gestión municipal. Desde la constancia en la celebración del día del patrono, San Miguel Arcángel, hasta la puesta en marcha de acciones que tengan el sello propio pero que sean capaces de ser contagiadas a otras comunas. Hay dos casos puntuales entre muchos otros: El desarrollo de una novedosa idea sobre la atención a la problemática de la primera infancia, necesaria para la solidificación de futuras generaciones. Otro punto fue y es la puesta en marcha del programa de prevención “ojos en  Alerta” donde los vecinos son protagonistas vía whatsApp, de la resolución de casos de inseguridad. Con ello, los propios habitantes se sienten parte. El programa ya ha sido replicado en más de una docena de comunas del país. Un dato no menor: San Miguel se convirtió en el municipio que hizo punta en la defensa de “las dos vidas” cuando se impuso el debate por el aborto en 2018.

“Nos importa”, es la definición que utiliza Joaquín De La Torre para explicar por qué se han puesto en marcha políticas que, a contramano de lo clásico, quizá no obtengan rédito inmediato. De eso se trata el fenómeno de la consolidación de un esquema gubernamental. Lo importante por sobre lo urgente. Aunque esto último también es atendido, pero nunca desplazando el objetivo de largo plazo.

Con los elementos descriptos sobre la mesa, y la sumatoria de los clásicos de los gobiernos municipales, el reconocimiento de los ciudadanos no puede tardar en llegar. Y es allí donde comienza a explicarse el por qué, en las dos ultimas elecciones los habitantes de San Miguel, en su mayoría, decidieron diferenciar lo propio de lo nacional y provincial.

Después claro, llega el turno de la arquitectura electoral para poder acompañar ese camino. Pero reducir el resultado solo a ello implicaría una subestimación a la inteligencia de los propios vecinos locales. Claro que se convierte en una excusa válida de quienes no pueden emular ello y presentar propuestas superiores que excedan la martingala de atarse solo a una ola electoral. La tentación de la superficialidad en su máxima expresión.

Se podrán repartir mil boletas cortadas. Pero ello será inválido si no existe previamente la voluntad de los ciudadanos de votar a sus representantes. Y ello no se logra con slogan o frases hechas de campaña. Se consigue estando cerca, no en una elección sino en el tiempo. Los resultados están a la vista. Otro fenómeno para estudiar en el intrincado y siempre apasionante conurbano bonaerense.

13 agosto, 2019