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El Embudo en Milán: Vivir la experiencia Champions League y su cuestión cultural

Uno puede ser amante del fútbol o no, claro que si lo es mucho mejor. Vivir la experiencia de una final de la UEFA Champions Leaugue permite observar cómo se puede organizar un espectáculo de esa magnitud sin ningún inconveniente, pero además se muestra la profunda diferencia que aún nos separa a los argentinos en nuestra manera de comportarnos con la mayoría de las ligas de Europa.

El Embudo fue testigo de la reciente final jugada a aquí en Milán entre dos equipos españoles como el Real Madrid y el Atlético de Madrid. Imposible pensar, en la cultura futbolística Argentina, que puedan mezclarse ambos simpatizantes en una misma tribuna, con el adicional que dentro del estadio se vende alcohol. Ningún incidente, ni siquiera un insulto o agresión verbal cuando en el transcurso del partido le tocó festejar a uno u a otro.

Para los ojos del observador argentino, todo ello es sorprendente. Tampoco se destacan grandes y numerosos operativos policiales. Lo justo y necesario. Claro que se parte de una premisa. La convivencia es posible. Se trata de solo un partido de fútbol.

Milán, una ciudad con encantos muy especiales, comenzó a poblarse de hinchas madrileños unos días antes. El lugar de concentración de todos ellos, en la previa fue la Plaza del Duomo, en el centro de la ciudad, donde se monetaria los distintos puestos de los auspiciantes del torneo europeo más importante de clubes. El día previo, entre tragos y fotos con la copa, no hubo un solo problema. Los típicos cantos que a los argentinos nos parecen inocentes al lado de la inventiva de las hinchadas de nuestro

Fue tanta la pasión, que todas las camisetas se vendieron en pocas horas. A razón de 80 euros (unos 1500 pesos argentinos) volaron las de ambos clubes, que en la primera impresión óptica parecían más los albirojos que los Vikingos del Real. En el estadio la concurrencia de uno y otro se emparejó.

“Atletico es el Boca de España” me grita al pasar un fanático del equipo que dirige el Cholo Simeone. La pasión se vive así, pero siempre en el marco del respeto.

La llega al San Siro, el estadio donde juegan durante el año, Ínter y Milán, se pareció más a un espectáculo teatral. En pocos minutos se llegue a la ubicación asignada que es respetada por todos. Y allí una nueva mezcla de simpatizantes de uno y otro, en armónica convivencia.

Lo que ocurrió en el campo de juego es cuestión de las crónicas deportivas. Pero la experiencia de observar este encuentro nos deja una mirada más amplia que para llegar a ese punto, en nuestro país se pueden hacer muchas reformas desde la AFA, pero la cuestión es cultural. Se trata de la cultura del respeto, en primer medida. Ese respecto que hace frenar a los autos ante el pase de un peatón, como el que permite que en una final de esta envergadura compartan espacios unos y otros “tifosis”. De ello, lamentablemente estamos todavía muy lejos.

De todas maneras, el glamour europeo no apaña ni se acerca a la pasión del fútbol argentino. En ese aspecto somos de los primeros en el mundo. Y créame, que a tantos kilómetros de aquello, realmente se extraña.

Sebastian Dumont-desde Milán.

29 mayo, 2016