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Análisis: «Ventanilla única».

Por Sebastián Dumont

Si algo ha provocado la pandemia es exponer con más claridad pensamientos, maneras y forma de accionar. La posibilidad de esconder o estirar ciertas maniobras encontraron un límite en la realidad. Y en el costo político que eso conlleva. La provincia de Buenos Aires ocupa la centralidad de la política en la Argentina, por eso recobra una importancia mayúscula. En este contexto, hay escenarios que se mantienen en el tiempo e incluso quedan más a la luz. Se trata, por ejemplo, de la tensión permanente entre Axel Kicillof y los intendentes. O lo mismo a decir entre Cristina Kirchner y varios alcaldes. La visibilidad del gobernador es la cuestión de fondo. El paradigma que se propone romper el mandatario. Algunos ejemplos recientes lo reafirman. 

Antes que se desatara la pandemia, en este mismo espacio, el 13 de febrero escribímos una nota cuyo título fue: “Hacer visible o invisible al gobernador,­ la verdadera pelea de Axel Kicillof­” (ver https://urgente24.com/medios/exclusivo-24/visible-vs-invisible-la-verdadera-batalla-de-kicillof). El plan del ex ministro de economía era y es lograr cambiar el eje donde sus antecesores quedaban desdibujados por los presidentes de turno que se metían de manera directa en el territorio o por los propios intendentes. Dicha situación, como tantas, tiene beneficios y perjuicios. Por un lado, la invisibilidad del gobernador le permitió a varios de ellos mantener alta imagen porque no pagaban los costos de los problemas de gestión. Las miradas eran al presidente de turno o en su defecto a los intendentes. Kicillof sigue dispuesto a romper ese esquema. Y, se supone, a pagar los costo que implique. ¿Lo está logrando?

Ahí es donde la respuesta aparece más difusa. Diversas encuestas que se manejan en el ámbito privado de intendentes y funcionarios marcan una caída de la imagen del mandatario provincial. Su gestión no es valorada, puertas adentro, ni por los propios y mucho menos por los alcaldes del Juntos por el Cambio que ya no disimulan sus cuestionamientos. De echo, alguno de ellos suele contar “nosotros siempre propusimos ser socios de la provincia, pero ellos no quisieron. Tienen una lógica donde, si nos dan algo para los municipios que paga la provincia, creen que el rédito se lo lleva el jefe comunal y no el gobernador. Por eso son tan celosos”. En sectores del oficialismo las ironías son más preocupantes cuando se consulta sobre el rumbo del gobierno provincial. “A lo que se ve, hay que sumarle el encierro del “centro de estudiantes” de la provincia”, arroja otro experimentado dirigente que forma parte del oficialismo. 

Las varias respuestas que se exponen con más o menos dureza según donde esté parado el intendente que habla quizá tenga el origen en la manera que tiene Kicillof y su equipo de abordar la política bonaerense. En otras palabras, que hay una ventanilla única. Es decir, lo de la provincia se resuelve en la provincia. No en la Nación. La ideóloga también es Cristina Kirchner quien sigue de cerca que no le falten recursos a su gobernador preferido. 

De echo, en la cercanía de Kicillof dudan de cierto enojo de los intendentes. Sostienen que hay un trabajo intenso entre gobernación y municipios, al tiempo que resaltan lo de la única ventanilla. Para eso, el acuerdo Alberto Fernández y Kicillof aparece sólido, según estos mismos observadores.

 

El caso más reciente de esta realidad se vive desde que Alberto Fernández decidió recortarle la coparticipación a la ciudad de Buenos Aires para transferir ese porcentaje a la provincia con destino de seguridad. El anuncio ya se sabe el malestar que generó, pero todavía no está resuelta la cuestión del reparto con los intendentes. Más allá de los actos protocolares, hay tensión porque los jefes comunales ven cómo quedan afuera del manejo de ese fondo. De hecho, a manera de ejemplo, sostienen alcaldes consultados:  “con lo que le correspondería a los municipios, la provincia compra patrulleros para la policía bonaerense. No está mal, pero el intendente es quién sabe las necesidades de sus distritos y podría invertirla en otros elementos. Y además, después esos patrulleros hay que mantenerlo con fondos municipales como hace varios años”. Sergio Berni le contestó: “los intendentes que están discutiendo cómo se apropian de esa partida (la de Seguridad) y qué es lo que van a hacer de ella”. La polémica se reavivó por la idea de tres jefes comunales de Cambiemos para comprar pistolas Taser. 

En definitiva, la cuestión de fondo es quién hace política con esa plata. La cuestión es la de siempre. El gobernador entrega los patrulleros, pero si hay inseguridad las marchas son a la puerta del municipio. “Si quieren darle visilibidad al gobernador también deben tener en cuenta y estar dispuestos a pagar esos costos”, le cuenta a este medio un intendente de Juntos por el Cambio. 

Con la cuestión de regreso a clases presenciales sucede algo parecido. Hubo una propuesta de intendentes opositores para ver la posibilidad de hacerlo con los estudiantes de los últimos años de la primaria y la secundaria. “La respuesta fue como si hubiéramos dicho que vuelvan todos a clase”, contó uno de ellos que participó de la reunión por zoom la semana pasada con Axel Kicillof. La lógica parece ser la misma para todo. Desde la provincia se quejan que con estas cosas se quiere hacer política. La pregunta es: ¿El problema es que un sector quiera hacer política o que el oficialismo no la pueda hacer porque no tiene respuestas? Dudas. Mientras tanto, con estadísticas de difícil comprobación se trata de entretener para no resolver. En la educación, sin dudas el remedio parece ser más grave que la enfermedad. 

Extraño todo esto. Más si se tiene en cuenta que el núcleo duro de la gobernación anida el pensamiento que muchos de los delitos que suceden en los barrios, como el narco menudeo o el robo entre vecinos son producto de las desigualdades generadas por modelos neoliberales. La educación es lo único que podría generar un proceso de igualdad. Raras contradicciones. 

Dentro de este entramado de desconfianza mutua, los intendentes que terminan su segundo mandato consecutivo en 2023 empiezan a ver cómo las señales para que se habilite una interpretación de la ley para habilitar otro período se diluyen. El avance de La Cámpora en lo territorios es una decisión tomada. El tema es si la pueden frenar. Por alguna razón ya anida en conversaciones entre intendentes del oficialismo una ecuación para el año próximo. Se preguntan “¿No convendría perder por poco?”. De esa forma habría que barajar y dar de vuelta todo. Claro, son pensamientos y proyecciones que en esta Argentina hoy es ciencia ficción. Por todo lo que falta, pero sobre todo por todo lo que se habla y rumorea. El mes más complicado desde el 2001 a esta parte, que es Diciembre, está a tan sólo 54 días. 

8 octubre, 2020