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Análisis: «Fase moderada»

Por Sebastián Dumont

massa alberto maximo

La política argentina vuelve sobre un viejo acciona futbolero. Es aquel utilizado para sostener y apoyar a un director técnico que está debilitado porque los resultados no se le dan. Cuanto más explícito es su respaldo, se entiende más debilitado está. De lo contrario, nada de eso es necesario. Algo de ello se traduce en los últimos días que está transitando el gobierno de Alberto Fernández. Las críticas más duras provienen de su propio espacio político, el sector más radicalizado. Cuanto más vuelve Fernández al centro más se tensa la relación con los más “Cristinistas” que la propia Cristina Kirchner. Rara particularidad de un presidente al que muchos ven sus actuaciones como las de un Jefe de Gabinete y una vicepresidenta, que es jefa política, pero no quiere asumir roles como presidenta.

Hay quienes piensan distintos del “fuego amigo”. Una postura es la que marcó desde el Frente Renovador el ex senador y actual director del Banco Provincia de Buenos Aires Sebastián Galmarini al decir que “las noticias sobre el diseños público de estos días es lo mejor que le pasó al Frente de Todos, no por el debate en sí, sino por lo que significa en términos de estrategia y comunicación política”. Sergio Massa es de los que más trabaja para mantener al presidente en el camino de la moderación y no ser desplazado de ese lugar por figuras opositoras como Horacio Rodriguez Larreta y otros. La pregunta es si los argentinos buscan eso de sus representantes políticos. Hay una clara tendencia a ubicarse en cada uno de los extremos con conducciones paternalistas que no esbocen debilidades, aunque las tengan.

En la misma postura de Sergio Massa está Máximo Kirchner. Mientras en nombre del kirchnerismo los misiles salen con dirección al presidente, el primogénito se mueve muy distinto. Sabe y entiende donde está el poder real. E interactúa con ello. No entra en la vorágine de quienes quieren llevarlo a salirse de ese sendero. Y hasta le puso el freno la semana pasada cuando un diputado de su bloque le llevó la idea de presentar un pedido de informes para incomodar a Macri por su viaje a Paraguay. Lo paró en seco. En su accionar, cuenta con la enorme ventaja de ser el hijo. No pide permiso para cada acción por temor al enojo de Cristina Kirchner. Siempre muy lúcido, el ex diputado platense Juan José Amondarian resumió esta particularidad con una frase irónica: “En cualquier momento lo van a acusar a Máximo Kirchner de ser anti kirchnerista”.

Sabido es que el gobernador Axel Kicillof es de los que tiene vínculo más  estrecho con Cristina Kirchner. A tal punto que en algún momento se especuló con desacuerdos entre el gobernador y Máximo Kirchner producto de supuestos celos de uno con el otro por esta relación.

A muchos intendentes les encantaría que las cosas sean distintas, a los fines de poder ayudar a “balizar” un camino más propio para ellos en los intereses del gobierno provincial. Por eso, aún muchos alcaldes sueñan con la rebelión de Fernández que no llega y quizá difícilmente acontezca. Mientras tanto , se tornó indispensable bajar los decibeles en la puja con el Ministro de Seguridad Sergio Berni, quien, tras tensar la cuerda, comenzó un nuevo raid de visitas a los alcaldes del Gran Buenos Aires. Se vio, en pocas horas con Ariel Sujarchuk en Escobar y luego con “Juanchi” Zabaleta de Hurlingham, con quien protagonizó días atrás un fuerte cruce twittero. En los años 70 diferencias que se dirimían a los tiros, hoy se resuelven en twitter. Fenómenos de la tecnología.

“Berni quiere ser candidato el año que viene y no lo puede hacer enfrentándose a todos”, sostuvo un intendente de la zona Oeste. Entre los alcaldes empezó a germinar la idea de quien podría ser la cara visible para ganar la provincia de Buenos Aires ante, creen, la candidatura de María Eugenia Vidal. No se lo descarta al propio Ministro si es que no desemboca ese trono en Sergio Massa o Máximo Kirchner. Por ahora, en la relación territorial, Berni es otro de los que muestra su fase moderada.

Para completar el esquema que lleva adelante Massa y Máximo, hay que sumar gestiones que hace en territorio bonaerense el Ministro del Interior Wado de Pedro para salir al rescate de la intransigencia o, incluso, falta de política de otros. Habrá que prestarle mucha atención a cómo evolucione una situación tensa que se está dando en el senado de la provincia de Buenos Aires. Es la única Cámara donde el oficialismo no tiene mayoría y Cambiemos puede imponer, si quisiera, hasta un cambio en el reglamento de su funcionamiento. Le llama la atención a legisladores del propio oficialismo ciertas actitudes de Veronica Magario para cerrar acuerdos con la oposición. Crece la inquietud porque se ha ejecutado sólo un 30 por ciento del presupuesto de la Cámara Alta que, además, nunca fue actualizado ya que sólo se prorrogó el del año pasado. A no confundirse, las chispas en la relación con la oposición suelen ser alentadas, por lo bajo, de parte de senadores propios que luego sacarán una ventaja de ello. De más está decir que, por cuestiones generacionales, suele pasar que legisladores se lleven mejor con los del bloque de enfrente que con los propios. Es la “política estúpido”.

Los intentos para dividir el bloque que conduce Roberto Costa han sido infructuosos. Al senador radical se le podrán endilgar muchas cosas, menos experiencia y oficio político. Su paciencia estaría alcanzando el límite sobre la parálisis y el retraso en terminar de constituir ciertas comisiones clave. Al parecer, Vidal dio el visto bueno para tensar el clima esperando la respuesta sobre cargos para la oposición en diferentes organismos. ¿La Defensoría del pueblo entra en ello? Por ahora silencio. Otra vez, el ala moderada del Frente de Todos trabaja para que la sangre no llegue al río.

Mientras tanto, empieza a surgir con más claridad un eje que podría convertirse en vector de la discusión sobre cómo se saldrá de la profunda crisis. Por un lado, los que dicen defender a los generadores de empleo y por otros los que subsidian el desempleo. De cómo la política responda al desafío que viene, dependerá si se cumple o no la profecía del supuesto regreso al 2001. La posibilidad de un nuevo “que se vayan todos” está entre el menú de las opciones.

17 julio, 2020