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Análisis: El resultado de las PASO y su lectura, clave para mirar a octubre

Más que por las múltiples encuestas que circulan en estos días, donde muchas de ellas terminan por desmentirse con los resultados en la mano, se torna interesante apelar a las sensaciones que emergen tanto en el oficialismo como en la oposición. Es probable que ello este sustentado en estudios de opinión, los cuales no son proclives a ser difundidos en su enorme mayoría. Entre esas percepciones que trascienden, existe en Juntos por el Cambio cierta tranquilidad en la Casa Rosada que se contrapone con el nerviosismo en la ciudad de La Plata. Paradojas del destino cuando debiera ser al revés, al menos en la provincia de Buenos Aires porque la gobernadora María Eugenia Vidal es el principal activo. Esta situación no es inversamente proporcional en el Frente Todos, donde aún nadie se anima a descorchar por lo que podría ser un triunfo de Axel Kicillof empujado por Cristina Kirchner.

La gran incógnita que comenzará a revelarse dentro de 11 días es si Vidal y su intención de voto ayuda a empujar a Macri hacia arriba o ella es víctima de la imagen del presidente que, aún habiendo mejorado, todavía está lejos de alcanzar a sus rivales y probablemente ya no pueda hacerlo. Justo es decir que Macri es Presidente pero en 2015 no pudo ganar en tierras bonaerenses en ninguna de las tres instancias: PASO, Primera Vuelta y General. No será muy distinto ahora. Con la gran salvedad que en aquella oportunidad había una tercera opción más robusta que la actual y se llevó un gran porcentaje de votos ligados al peronismo. Se verá si el aporte de Massa en esta  elección se condice con aquello.

El propio ex intendente de Tigre es de los que sostiene y argumenta la ausencia de Mauricio Macri en la campaña. “Lo esconden”, afirma en sus recorridas por el conurbano donde aceleró su presencia en las últimas semanas y junto a Axel Kicillof le apuntó a María Eugenia Vidal. Algo novedoso para él, sobre todo por su buena sintonía política con la mandataria provincial que, de ser reelecta, podría no alterarse. El ministro de gobierno bonaerense Joaquín De La Torre le dijo a este medio sobre la decisión de Massa de acordar con el kirchnerismo: “Para analizarlo en profundidad habrá que esperar al mes de diciembre, allí se verá si lo que hizo estuvo bien o mal”. Mientras tanto, la campaña obliga a decir que “Vidal es Macri”. Algo que evitan, por todos los medios, los candidatos e intendentes oficialistas.

Dentro del Gran Buenos Aires la batalla más pareja se juega en la Primera Sección electoral. No es casualidad las distintas acciones de los candidatos en pocas horas sobre dicha área geográfica que representa al 30 por ciento de los votos de la provincia. Por un lado, Mauricio Macri recorrió un hospital junto a Gustavo Posse en San Isidro. Su compañero de fórmula Miguel Pichetto se reunió con candidatos de los distritos en General Rodriguez donde gobierna Dario Kubar de raíces peronistas. Ese mismo día, Alberto Fernández estuvo en San Martín con Gabriel Katopodis y antes lo había hecho en Hurlingham donde gobierna Juan Zabaleta. Una demostración de las preferencias de Fernández a la hora de caminar con ciertos dirigentes que lo acompañaron en el 2017 en la aventura del PJ con la candidatura de Florencio Randazzo, el gran ausente en este turno electoral. El broche será el sábado cuando Cristina Kirchner asista a Malvinas Argentinas a presentar su libro “Sinceramente” por primera vez en el conurbano. En esa comuna se juega una elección muy especial, ya que se reedita la contienda del 2015 entre Leonardo Nardini y Jesús Cariglino. El ex alcalde recibió a María Eugenia Vidal esta semana quien tiene números de una polarización muy fuerte allí con resultado aún incierto.

Distinto es el clima que reina en las oficinas de otros alcaldes peronistas del gran Buenos Aires donde descartan el corte de boleta en contra de Kicillof a contramano de lo que se busca instalar desde algunos medios de comunicación. “Ello no se dará ahora porque no es necesario, de suceder será genuino”. La preocupación mayor en el oficialismo no es tanto ello sino, sobre todo, que la gente vaya a votar. Están convencidos que el núcleo duro K irá a las urnas llueve o truene, pero que los votantes de Juntos por el Cambio podrían no hacerlo pensando que no se juega mucho en esta elección. Para colmo, las internas locales no abundan para poder incentivar una masiva concurrencia. La propia gobernadora en sus visitas a los distritos le pide a sus referentes con énfasis que ayuden a la concurrencia el 11 de agosto.

De ahora en más, la mirada estará puesta en la noche del domingo de las PASO. No sólo por el resultado, sino por la comunicación y la lectura que se haga del mismo. Lo saben los intendentes que buscarán ser ellos los candidatos más votados para que no haya dudas de su continuidad que alimente ideas de dispersión en su “tropa”. Pero también es valedero para los postulantes nacionales y provinciales. Instalar un resultado previo puede ayudar a tomarlo como victoria aún en la derrota. Si todos dicen que Vidal pierde por 5 puntos y lo hace por 3 se leerá como un posible triunfo. De ello saben muy bien en el oficialismo. No en vano se multiplicaron las quejas por la contratación de la empresa Smartmatic para el escrutinio provisorio. Es clave con la información que la gente se vaya a dormir ese día a la noche.

La realidad marcará que los resultados del conurbano serán los últimos en cargarse. Y con ello los de la provincia de Buenos Aires. Por la simple razón que las mesas tardarán más en finalizar su conteo ante las múltiples categorías que se votan. En el resto de las provincias ya se votaron los cargos locales y habrá solo dos cuerpos en la boleta. Mucho más fácil de contar. ¿Si esto es así, quien será favorecido con el conteo provisorio? En el gobierno esbozan una sonrisa.

Sebastián Dumont

1 agosto, 2019